jueves, 14 de junio de 2007

Tillible

CALENTAMIENTO GLOBAL...
¿MODA GLOBAL?

En un mundo gobernado y dirigido por bestias, los artificios no se dejan esperar para encandilar a la población y amortiguar las críticas a un sistema responsable. Hay unos que se visten de activistas y se empapan de frases sobre la lucha contra el cambio climático, con el claro fin de sacar provecho; pero hay otros que se plantean el fenómeno como una cuestión de vida o muerte, a pesar de saber que la raza humana no se extinguirá con esta inminente alteración que estamos viviendo... hay una concepción de mundo que está en juego.
Por Felipe Leal A.
Psicología de la Comunicación Social
y Opinión Pública - Mayo 2007 - UACh

Existen elementos de juicio para pensar que el Cambio Climático que lentamente estamos viviendo está asustando a los diseñadores del mundo actual. Los empresarios más feroces, en coordinación con los Estados también feroces, se han puesto el traje de campaña para declararle la guerra al nuevo escenario natural, relinchando una y otra vez su estimulante frase: ¡Qué la naturaleza no entorpezca nuestro lucro!

De otra manera no puede ser. Bush (léase El Hombre Biocombustible), o quien posea el rol de papá-modelo-ejemplo imperial, ¿querrán una armoniosa relación entre hombre y medio ambiente? ¿Les importará perder algo de su hegemonía mundial y sus millones de millones de billones de dólares de ganancias con el fin de revertir los efectos catastróficos sobre el planeta generados, en parte, por la industrialización, la que tanta riqueza les ha generado?

Y él, a pesar de no ser más que una imagen pasajera en representación de los multimillonarios que controlan al mundo de forma permanente (como el inmortal Montgomery Burns, con sus réplicas locales menos evolucionadas, tipín Anacleto), es quien corta el queque en las políticas a corto plazo. Y a nivel planeta. Y es uno de los que relincha, globalmente: ¡Qué la naturaleza no entorpezca nuestro lucro!


Pero un tal Al Gore (El de la Verdá), lo ha desafiado. Quiere cambiar las cosas del caluroso destino. Para eso, conquista corazones y razones de la Tierra, y con su Oscar bajo el brazo alinea a innumerables hambrientos de salvación. Y convence a los no inspirados de que la hora de actuar, ha llegado.

¿La dura? ¿Ahora? Y antes, ¿no?


El sistema de producción predominante en el mundo, desde hace mucho más de un par de siglos, es el capitalismo salvaje. Sus modelos económicos más representativos han sido el liberalismo y el neoliberalismo, que al final (sin importar sus diferencias de prefijos) no distan en sus puntos transversales: régimen privado de producción (emprendimiento, libertad de iniciativa); máxima producción en el menor tiempo y gasto posible (eficiencia, optimización); concentración del producto social en pocas manos; regulación automática del mercado (mano invisible, libre competencia)... Características transversales que se exhiben sin incorporar las repercusiones sociales y ambientales, sintetizadas con un término tan clásico como vigente: explotación.

Éste es el sistemita que ha creado verdaderas bestias modernas: los empresarios de nivel mundial. Son los mismos que lucran con las necesidades de la gente sin importar fronteras, color de piel, género. Son los mismos que, con tal de no peder su estatus social y su poder en influencias frente a gobiernos, son capaces de incrementar sus ganancias por medio de la explotación más indiscriminada, pasando a llevar dignidad, culturas, conocimientos, esperanzas, con tal de tener más poder y no perder el mando.

Y más que los mediáticos personajes del ecofacismo, son estas bestias modernas -que con el poder de sus industrias se hacen representar en gobiernos amparados por la “democracia” tradicional- las que hoy se cuadran frente a las verdades incómodas, “pero las de verdad”, esas que son resultado de sus acciones, las que ahora les toca sufrir y asumir.


Porque lo de la contaminación ya es un cuento viejo: hace muchos años que existe y ha pasado inadvertida por la conciencia de los poderosos, ya que donde viven... es el mundo de Bilz y Pap, todo ok; los peligros ambientales son al pobre al que siempre han perseguido. Pero las arrogantes vidas, en espacios de naturaleza y relaciones artificiales, se ven hoy amenzadas por este nuevo cuento climático. Y desde sus espacios de poder llaman, silenciosamente, a la preocupación y a la responsabilidad empresarial, palabras que encuentran eco en los medios de comunicación serviles a sus intereses... y a sus showman de turno.

Entonces, ¿es el calentamiento global una moda?

Algunos lo asumen así. Los que se plantean salvar al mundo a partir solamente de los informes del calentamiento inminente del planeta, o los que replican el discurso de que “la hora de actuar ha llegado”, o los que portan chapitas en las solapas o que dan enardecidos discursos de racionamiento energético en los hogares (mientras no cuestionan el derroche de los grandes monopolios): a ellos les puede servir el tema para no sentirse tan “out”, tan fuera de forma socialmente, tan poco sabios en los temas de sobremesa.

Nadie puede asegurar que estos personajes corderos, después de un par de discursos bien dirigidos, bonitos, prometedores y rotundamente influenciables, dejen de preocuparse por el medioambiente. Pero si a sabiendas de que el mundo está mal hace mucho (por el tema de la misma contaminación en las grandes ciudades, en los ríos, en el mar, por nombrar algunos casos), y por ello nunca se han planteado el tema de fondo y el actuar concreto, entra en juego la pregunta: ¿por qué ahora sí que preocupan? Parece que los líderes de opinión les han creado una nueva preocupación, el calentamiento global, que a lo mejor durará lo que dure la existencia del mismo líder.

Pero por otro lado, creo que no es moda para dos vertientes:

LA PRIMERA es la de los peces gordos descritos anteriormente. Ellos saben que se está en peligro, porque saben bien los excesos que han cometido. Ellos, que están amparados por científicos que generan investigación para el desarrollo productivo (que tienen muy poca rigurosidad en los impactos concretos de esas investigaciones) y por gobiernos que aspiran al crecimiento exponencial de la economía; ellos, los peces gordos, saben que si no cambian el rumbo chocarán con este impensado fenómeno.

Ellos saben bien que esta preocupación no debe ser pasajera. Su manera de producir riquezas debe cambiar, se deben buscar nuevas formas de seguir siendo poderosos. Deben modernizar sus procesos productivos, pero no alterar el régimen que los hace ser fuertes. O sea, continuar con la explotación, pero que no sea tan abierta sino que más eficiente.


Razonan: hay que tener cuidado con los impactos que generarán, ya que nos puede afectar nuestro bolsillo y la estabilidad del sistema que nos mantiene siendo ricos.

Y eso, no es moda.

Pero ojo, que a muchos de los que se creen parte de los corta queques,
sean empresarios (un Piñera cualquiera) o gobernantes (un Lagos de los muchos), caen redonditos bajo la lógica de la moda, de la imitación de sus líderes de clase mundial... esos que costará derrotar y que se constituyen como peligros para la humanidad -mayores que el mismo cambio climático-.

LA SEGUNDA VERTIENTE es ambigua, naciente, pero latente. Creo que no cae dentro del esquema estético circunstancial. No es un piño social determinado, sino es una corriente crítica que se está generando -o que en algunos casos ha existido siempre-, y que cuestiona el paradigma dominante, esa forma de interpretar al mundo como una gran empresa, en donde todos son recursos productivos y que nuestro arduo trabajo nos encaminará al anhelado desarrollo.


Ese paradigma es el que domina en política, en la cultura, en la investigación científica y tecnológica, en las estructuras sociales y por supuesto que en la economía, y que
es enjuiciado por sujetos de diversas visiones y tendencias (desde los que plantean una modernización de los sistemas productivos de las grandes empresas hasta los que gritan Revolución), pero que buscan la transformación de esta realidad de explotación indiscriminada. Se vislumbra el fondo del problema global en la forma de relacionarse el hombre con la naturaleza, y plantean un cambio radical en esa relación hombre-medio.


Más allá de hippismos, más allá de Al Gore, es una inmadura vertiente que se ha desarrollado desde la denominada tercera consideración histórica de los derechos humanos: los ambientales. Y que hoy más que nunca se logra incorporar en algunas de las demandas de movimientos sectoriales a nivel mundial que reivindican mejores condiciones de vida.



Para ambas vertientes, lo del calentamiento global se enmarca dentro de lo político-económico (mantenimiento de privilegios particulares para los primeros, planificación y justicia para los segundos), y no de lo coyuntural y mediático. Se distingue esta dualidad en confrontaciones de fuerzas para poder revertir la situación, más que un simple saludo a la cámara para obtener beneficios momentáneos (fama, aceptación).


Aunque, eso sí, esta moda puede transformarse en misión vital, en un hábito permanente, en un protestar diario en contra de la destrucción del planeta por la mano del hombre inconciente. Las modas pueden albergarse en las formas de vida y no esfumarse cuando mueren los líderes de opinión, siempre y cuando se asuma el papel de sujetos de transformación, con opinión y capacidad de acción más que de reacción a estímulos mediáticos. Esa es la gran tarea de quienes quieren cambiar las relaciones de explotación antes que evitar un cambio climático inminente: sumar y organizarse con los nuevos críticos (o re-verdes) para terminar con el régimen de depredación, tanto del hombre como de la naturaleza.

Es por eso que en un mundo gobernado y dirigido por bestias, los artificios no se dejan esperar para encandilar a la población y amortiguar las críticas a un sistema responsable. Hay unos que se visten y se empapan de frases sobre el cambio climático con el fin de sacar provecho, pero hay otros que se plantean el fenómeno como una cuestión de vida o muerte, a pesar de saber que la raza humana no se extinguirá con este cambio climático: se mantienen los privilegios y excesos del sistema productivo o se cambia radicalmente la forma de crear las condiciones materiales de sobrevivencia y desarrollo para toda la humanidad.


Todo esto, en un contexto climático desconocido para los descendientes del Hommo Sapiens.







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