lunes, 16 de julio de 2007

Tillible

ENSAYO

La involución de lo conocido:
pinceladas de una revolución
con algo de Verde


En efecto, las revoluciones siempre tienen sus detractores, quienes resisten hasta el último para no perder su bienestar, sus privilegios. Hay reconocidos científicos conservadores que, sin embargo, han aceptado la teoría de poblamiento temprano luego de conocer en detalle la investigación de Monte Verde



Felipe Leal Arancibia
Teoría e Historia de
la Divulgación Científica
Valdivia, 22 de Mayo del 2007


En nuestro sistema educativo, y con la suerte de encontrar a alguien que los sepa distinguir, la cueva de “Los Pincheiras” tiene más fama que Monte Verde[1]. Uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de las últimas décadas no retumba en las aulas, sin siquiera importar que los restos fueron encontrados en el mismo pedazo de franja que homenajeamos -con algo de carne en parrilla y con extracto de fruta fermentada hasta la saciedad, haya o no aguinaldo- cada 18 de septiembre. ¿Y los primeros hombres que pisaron nuestra Patria? Ni un brindis por ellos. O’higgins tiene más medallas que el mismísimo monteverdino que dejó su huella en el suelo pleistocénico[2], ”así que importa más”. ¡Viva O’higgins!

No es una cosa de fetichismo hacer un brindis por los prehistóricos; no lo planteo como propuesta y creo que ni siquiera se considera dentro de los objetivos de difusión de tal hallazgo. Se apunta a que, por lo menos, a conciencia se recuerde (o por lo menos se considere para el chiste intelectual) que:


1) no nacemos del desembarque en San Salvador,
2) somos hijos putativos del forrajeo, y
3) sólo somos una pulga de visita en la Gran Ciudad de los gigantes.

Ese tranquilo y seguro esquema existencial y cognitivo que muchos poseían comienza a temblar… los americanos somos más viejos de lo que creíamos, y aún así seguimos siendo ínfimos en el tiempo mientras hay un mundo entero y casi eterno por descubrir.

Claro, hay quienes no se molestan por venir o no del norte
[3], pero los también vividores que se dan el tiempo de reflexionar sobre nuestros orígenes (y más aun los que no viven y se pasan todo el tiempo reflexionando) saben que el sitio arqueológico hallado a unos 35 kilómetros de Puerto Montt deja más interrogantes que dudas saldadas en este contexto de desconocimiento.

Sólo para esquematizar el jaque de Monte Verde a lo poco que conocíamos de prehistoria americana, mencionaré tres puntos de quiebre de un mismo partido:

1) El descubrimiento de Monte Verde significa, en primer término, que todas las clásicas teorías de poblamiento americano que se enseñaron -y que aun se enseñan- en los colegios quedaron cortas en unos cuantos miles de años. Pero partamos por la base: ¿Qué es lo que se enseña?

Imaginémonos a todo el continente americano, y pensemos que los primeros hombres llegaron al continente desde el oeste; se embarcaron hace 70.000 años en una travesía por hambre: buscaban carne en abundancia, como la que entrega el mamut u otros animales de la Edad del Hielo, uno de los períodos de la prehistoria que tiene un nombre técnico poco conocido: Pleistoceno; cruzaron a pie por un puente de hielo que unía a Siberia y Alaska, denominado Estrecho de Bering; desde este momento, la población se comenzó a multiplicar y diseminar por miles de años, hasta llegar al otro extremo del continente: sudamérica
[4]. ¿Imaginado? Algunos otros aportes y correcciones hacen que se constituya, en base a este imaginario científico, el consenso de la teoría predominante: poblamiento tardío de América.

Las evidencias arqueológicas que sustentan esta teoría se encuentran en diversos sitios de Nuevo México
[5], y datan 11.050 a 10.800 años de antigüedad[6], transformándose –dada la cantidad de estudios que se han realizado en torno a este descubrimiento y al consenso generalizado entre arqueólogos- en el complejo cultural pleistocénico más importante de América. Clovis se convirtió por largas décadas, entonces, en un conjunto de pruebas de inigualable validez y veracidad, que dio sustento científico a la respuesta de la eterna pregunta: ¿de dónde venimos? Y con la respuesta de que venimos del norte, los profesores de los liceos de toda América tenían solucionado un problema de los estudiantes más existencialistas.

En tanto, el paradigma del poblamiento tardío fue sujeto a observaciones durante muchos años, donde arqueólogos de distintas nacionalidades hicieron anuncios de quiebre con tal creencia, presentando –en demasía- elementos con estudios poco rigurosos que sólo les permitían figurar en el ámbito. El resultado, ante la comprobación de la inconsistencia científica de vestigios encontrados, fue el empoderamiento del paradigma dominante. Y tal como el cuento “Pedrito y el lobo”, cuando llegó realmente un análisis exhaustivo de elementos pre-clovis, la incredibilidad cundió entre el mundo de la arqueología.

Los arqueólogos marcan en 12.000 años el límite entre una conservadora teoría de poblamiento tardío y una revolucionaria teoría del poblamiento temprano. Un gringo, que por cosas del destino o de la suerte estuvo en el lugar y en el momento preciso
[7], ha afirmado a través de extensas investigaciones que el asentamiento provisional de Monte Verde I tiene una data de 12.500 años de antigüedad, o sea, 1.500 años más viejo que el que se consideraba primer complejo cultural del pleistoceno en América.

2) Entonces, en un segundo término, Monte Verde implica una colisión con la visión tradicional, un choque de teorías. Pero un GRAN choque. Acá, más que un “consenso”, hay una lucha de dominación de las visiones, una clásica relación entre dominante-dominado en la academia.

Hasta el día de hoy hay conservadores imperialistas que aun refutan la veracidad del hallazgo, por lo que no existe un “consenso” generalizado como el que ocurrió con Clovis (siendo que los norteamericanos son, prácticamente, los únicos opositores al poblamiento temprano). El paradigma dominante, impulsado y protegido por los científicos del norte, no puede quebrarse por una revolución, que afecta a décadas de cuantiosa investigación. Eso alteraría el desarrollo del pensamiento arqueológico bajo las estructuras mentales dominante.

3) Pero, quiérase o no, entra en juego un tercer término: revolución, que no se relaciona, en este caso, con lo planteado por el siempre buen amigo Lenin o por el Che, sino más bien con lo que plantea Thomas Kuhn
[8]. ¿Es Monte Verde una revolución científica? Y si así es, ¿qué es lo revolucionario si aún no hay voluntad general de aceptar el cambio de paradigma?

Sin poseer mayor formación como científico de lo antaño, como lo son los arqueólogos, creo que Monte Verde es revolucionario de por sí. Pero de mi poco conocimiento en el tema algo diré para complementar tan vaga afirmación.

El hecho de que haya sido encontrado en un lugar muy diferente al entorno natural Clovis hacía suponer que las pruebas serían cabalmente distintas y casi incomparables
[9]. Pero Tom Dillehay, en conjunto con un equipo interdisciplinario de investigación, consideró los tres ejes básicos para identificar un sitio arqueológico sin solicitar consideraciones especiales[10]: 1) evidencia de presencia humana; 2) evidencia de un contexto estratigráfico; 3) coherencia de fechados absolutos, tanto de registros radiocarbónicos como paleoambientales. El resto, pura sorpresa, como las plantas con uso alucinógeno y medicinal, la tecnología para trabajar la madera[11], o las estacas para sus hogares, tal como las que utilizamos cuando queremos acampar.

Lo otro revolucionario de esta teoría es que los hombres del norte no expandieron toda su sabiduría en el continente, sino que se dieron procesos paralelos de aprendizaje en torno a la naturaleza y a las formaciones sociales en diversos puntos, lo que se suma a la idea de expansión lenta por los distintos lugares de América (y no en un par de milenios, de norte a sur, como se creía con Clovis).

Por último, es revolucionaria tan sólo por quebrar al paradigma “Clovis First”
[12], sustentada en su mayoría por los científicos estadounidenses (con clara concepción imperialista occidental), que se amparan en la arrogancia de sus escuelas para mantener la legitimación de su poder en el continente, ese que les da autoridad para ser considerados en cualquier publicación (sea como firmante o en base a citas) o bien que les da pasaporte ilimitado para trabajar en distintos proyectos de investigación arqueológica, por ejemplo.

En efecto, las revoluciones siempre tienen sus detractores, quienes resisten hasta el último para no perder su bienestar, sus privilegios. Hay reconocidos científicos conservadores que, sin embargo, han aceptado la teoría de poblamiento temprano luego de conocer en detalle la investigación de Monte Verde
[13].

Eso sí: una golondrina no hace verano. Para que la comunidad arqueóloga estadounidense acepte a Monte Verde (el paladín del poblamiento temprano, referente del nuevo paradigma) va a pasar mucho tiempo.

Acá, Kuhn, el teórico de las revoluciones científicas, es enfático: la transformación es súbita en cuanto al impacto que altera las estructuras existentes, desorden que se aprovecha para ver lo que antes no era visible. Lo anterior se logró, ya que se deja ver la posibilidad de encontrar sitios más antiguos que de los que se tenía conocimiento cerrado (a partir del cual se estructuraron otros conocimientos, como el etnográfico, lingüístico, etc.). Ahora, es cuestión de “limpieza”, de que poco a poco este cambio de paradigma se vaya asumiendo por los más duros, y comience a asumirse la nueva base de investigación que rompe con el límite Clovis..

La importancia de Monte Verde no debe estar en duda por la población en general, y menos por los científicos del norte. Más allá de caer en un acto voluntarista de fe, no hay que ser tan ciego sobre las sorpresas que ha conservado la naturaleza en estos miles de años
[14].

Las conversaciones y reflexiones sobre este interesante tema, por último, tienen que entrar y salir del aula cual viento de primavera; dejar de ser de una elite científica y sociabilizarse a todo nivel, homenajeando la vida, la sobrevivencia, el apetito y la inteligencia humana de los primeros hombres, que aún tienen mucho que contar y enseñar; y por supuesto que también se debe dar rienda suelta a la imaginación, tal como los monteverdinos la hicieron volar en alguna ocasión -después de unas buenas dosis de plantas medicinales, tal vez- para reencontrarse con su entorno y poder sobrevivir creativamente. Hay muchas voces del pasado que aún tienen un mundo que enseñar.


REFERENCIAS Y NOTAS
[1]Monte Verde: sitio arqueológico descubierto, sin saber, por un lugareño en 1970. Las excavaciones comienzan en 1977 hasta 1985. Los materiales encontrados (700 piezas más o menos) en un lugar específico están datados (por carbono 14) en 12.500 millones de años; a este se le llama MVII, mientras algunas cosas de lo encontrado a menos de 1 km de ese lugar datan de 33.000 años ap, y se identifican con la abreviación MVI. MVI es abordado con prudencia por los científicos; esperan concretar lo más próximo, que corresponde a MVII.

[2] Uno de los hallazgos en Monte Verde corresponde a la marca de un pie. Se estima que pertenece a un niño/a de 9 años, quien se acercó al fuego, de seguro, para escapar del frío.

[3] La teoría predominante es la del poblamiento acelerado desde el norte de América hasta el sur (del antropólogo checoamericano Alex Hrdlicka, un padre de la escuela conservadora).

[4] Esta teoría de poblamiento de Hrdlicka (que incluye una característica básica: la unidad de origen racial del hombre americano), presentada durante la primera mitad del siglo XX, no presenta mayores objeciones más que las que hablan de un origen “poliracial”, en donde no hay una sola migración (Asia/Alaska) sino que ocurrieron otras dos: desde la Melenasia y Polinesia, que llegaron por medio de navegaciones en el Océano Pacífico a Centro América y el norte de América del Sur (Paul Rivet); y desde Australia, las que viajando por la Antártica llegaron al cono sur del continente (Mendes Correa). Aunque ambos viajes ocurrieron miles de años después del viaje por Bering y de ser aportes menos importantes para el campo de la arqueología (son teorías basadas en estudios lingüísticos, etnográficos y de rasgos biofísicos), este conjunto potencia a la teoría del poblamiento tardío. Fuente: http://www.poblamerica.blogspot.com

[5] El primer sitio en ser descubierto fue Folsom, en 1927, y demostró que los seres humanos habían llegado a América durante el Pleistoceno.

[6] Según los datos publicados por los reconocidos arqueólogos Michael Waters y Thomas Stafford, plantean que, tal vez, los de Clovis no fueron los primeros habitantes, además de que su existencia e influencia duró sólo unos pocos siglos. Fuente: revista Sciencie nº1067a, 21 de febrero del 2007, citada por artículo del periódico La Nación del 23 de febrero del 2007.

[7] Tom Dillehay, uno de los referentes más fuertes de la teoría pre-Clovis llegó a serlo prácticamente por casualidad. Se encontraba en Temuco investigando sobre el pueblo Mapuche en momentos que se enteró de la existencia de restos en Monte Verde (1975/6), y sin mayor financiamiento emprendió la aventura de la excavación del sitio.

[8] KUHN, Thomas. ¿Qué son las Revoluciones Científicas?, Ed. Paidos, Barcelona, 1987

[9] La humedad del sitio, en ese período de cambio climático, parece ser una razón para la duda, y su notable conservación en este medio resulta más impresionante. De hecho, uno de los arqueólogos conservadores más reconocidos, Thomas Lynch, dice en uno de sus textos sobre los restos de fogones encontrados: (…)“En el pasado prehistorico vemos que esto sucede principalmente en lugares estratégicos, intrínsecamente valiosos como un recurso escaso (tales como en las cuevas, donde se dan condiciones de protección y de preservación), o donde la naturaleza hace depósitos secundarios, como en el lecho de río. El sitio de Monte Verde estaba en un ambiente mojado y frío, en un lugar de campamento bastante pobre a lo largo de un pequeño riachuelo (…)”. Fuente (DOC. Internet): LYNCH, Thomas F. “EL HOMBRE DE LA EDAD GLACIAL EN SURAMERICA: UNA PERSPECTIVA EUROPEA”, publicado originalemente en la Revista de Arqueología Americana, no 1, 1990.

[10] NÚÑEZ, Lautaro y MENA, Francisco: “El caso Monte Verde: ¿Hacia un veredicto Final?”. Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología, número 24, Junio 1997.

[11] En el artículo anteriormente citado (Núñez y Mena 1997), se enumeran una serie de elemento “cuestionables” de la investigación, entre los que se cuenta la sobrevaloración cultural de los artefactos líticos y de madera.

[12] Nombre por el cual se reconoce al modelo de poblamiento americano tardío.

[13] Una visita de reconocidos expertos internacionales al mismo sitio, en 1997, quebró con el consenso Clovis. En esa delegación venía uno de los más férreos defensores de Clovis First: Calvot Vance Haynes, quien también terminó en el Bar “La Cueva” de Puerto Montt haciendo un salud por Monte Verde, el “nuevo” sitio arqueológico más antiguo de América.

[14]El mismo sitio arqueológico de Monte Verde es producto de la conservación natural de la turba, un elemento esponjoso que permitió el mantenimiento de los huesos y carne de mastodontes, plantas, flechas, boleadoras, maderas utilizadas como estacas para las tiendas, lanzas y morteros, y cientos de elementos de piedra, etc. Por medio del aislamiento del oxígeno -el que actúa en el tiempo como corrosivo de los materiales- se pudo mantener hasta nuestros días, retardando los niveles normales de descomposición. Fuente: MELTTZER, David J. “Monte Verde y el poblamiento de las Américas”, publicado en Science (mayo 1997), y citado en el Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología, Número 24, Junio de 1997.

domingo, 15 de julio de 2007

Tillible

Cardenal José María Caro, Arzobispo de Santiago

“LA IGLESIA NO ES AJENA A AQUELLA VERDADERA Y ALTA POLÍTICA QUE NACE DE LA ÉTICA GENERAL”

El primer cardenal de nuestro país está próximo a cumplir 92 años de edad. Aun así, sigue presente en el torbellino político y social que sacude al Chile de mitad de siglo. Sea la toma de terrenos de los “sin casas” o las críticas a la Iglesia Católica por “intervenir” en asuntos públicos: el Príncipe de la Iglesia no esquiva hechos o acusaciones.


Por Felipe Leal
7 de Junio de 1958
- Con todo respeto cardenal: por motivos de edad, ¿no ha pensado en retirarse de los cargos institucionales?
- “Aún tengo cuerda para rato”, dice sonriente.

Modesto, cálido y sencillo: algunos de los condimentos atribuidos y reconocidos por la población a José María Caro, hombre nacido en Cáhuil –Pichilemu- en 1866 y que ha conquistado los corazones de distintas generaciones en gran parte del país, sea por su labor pastoral o social. Desde 1946 es Cardenal, el primero de Chile.

IGLESIA Y POLÍTICA

- Algunos sectores políticos consideran que hay intervencionismo por parte de la Iglesia en los asuntos que son propios del Estado. ¿Se hace cargo de esa crítica?

- “Si bien hay una separación de hecho entre la Iglesia con el Estado desde hace más de medio siglo, no podemos cegarnos ante las políticas públicas de los gobiernos. La Iglesia no es ajena a aquella verdadera y alta política que nace de la ética general, como que mira por el bien común, promueve la santidad de la familia y de la educación y exige que sean defendidos los derechos divinos y las conciencias”.

- ¿Y hasta dónde puede llegar la intervención? ¿Dónde está el límite de injerencia?

- “La Iglesia, a través de sus Pastores, siempre ha orientado a sus fieles en materia de doctrina y moral aplicada a la vida política. Además, en el orden social siempre se ha legitimado la acción y el cambio social en dirección a una creciente igualdad”.

“Sin embargo, criticamos a los sectores que se abanderizan con esta causa (la búsqueda de igualdad) pero que apuntan a un totalitarismo”.

“El comunismo, por ejemplo, desconoce el derecho natural, atentando minar los fundamentos de la sociedad. La visión atea y materialista niega los derechos de la persona humana, su dignidad y libertad, y pretende dar al Estado derechos omnímodos. En tanto, el liberalismo está apoyado en el racionalismo y naturalismo filosóficos, enemigo de la doctrina de la Iglesia, y también conduce al ateísmo social, al indiferentismo religioso y al laicismo”.

- ¿No le asustan posiciones y pasiones políticas dentro de la Iglesia?

- “Por supuesto; la política es, a veces, muy apasionada y puede llegar a la intolerancia. La Santa Sede ha hecho llamados a los católicos chilenos a mirar con seriedad y con tolerancia la participación en política. Se nos ha dicho que la unidad religiosa no es la unión de un solo partido político, ya que libres son de pertenecer a diversos partidos que reúnan las condiciones requeridas, sino la unión en la caridad fraterna y en la defensa de los principios de la Iglesia”.

“Las divisiones que han sufrido nuestros amados hijos deben superarse. Por ello el llamado más ferviente para que, superando estas diferencias, vivan la gran realidad a que todos los católicos nos une y que constituye el signo de nuestra fe: el amor fraterno”.

- Sin embargo, hay críticas que apuntan a que las buenas relaciones de usted con el Frente Popular ayudaron a construir un firme puente entre católicos y la izquierda. ¿Considera que su gestión desde la Arquidiócesis de Santiago influyó en una nueva forma de relacionarse la Iglesia con el Estado y la política?

- “A finales de la década del 30, ocurren cambios tanto a nivel de gobierno civil como en la administración eclesial capitalina: Pedro Aguirre Cerda llegó a la Presidencia de Chile, y yo me transformé en el nuevo Arzobispo de Santiago, en reemplazo de Monseñor José Horacio Campillo”.

“No es un secreto que yo no era partícipe de las ideas del nuevo gobierno; el que una alianza con ateos incluidos haya llegado al poder no se veía con buenos ojos en el mundo eclesiástico. Aun así, mantuve el respeto desde el primer momento con las nuevas autoridades políticas. Este consentimiento episcopal causó malestar en un sector de fieles junto a una parte del clero, que seguían propugnando una Iglesia aliada al partido Conservador. Las relaciones con amplios sectores de la jerarquía católica no fue de las más consentidas, pero ya habían ocurrido sucesos en el mundo laico que indicaban una apertura de miras en la acción política. Se aprecia durante este período a una Iglesia alejada de vías partidistas, lo que fortaleció los nexos con los gobiernos radicales”.

- ¿Las relaciones con los masones también cambia, mejorando su opinión sobre ellos?

- “Lo dije hace décadas en un artículo, y lo vuelvo a repetir: es indudable que la acción de la masonería contra la Iglesia Católica no es más que la continuación de la guerra a Cristo practicada por el judaísmo desde hace 1900 años, eso sí que acomodada, mediante el secreto, el engaño y la hipocresía, a las circunstancias del mundo cristiano en que tiene que hacerla”.

“Léase el evangelio y se verá, en el espionaje judío, en sus preguntas capciosas, en sus ataques hipócritas, encubiertos con el velo de la pretendida piedad de los fariseos; en las asechanzas; en los esfuerzos por hacer odioso ante el pueblo a aquel que era su mayor gloria y su gran bienhechor; en el empleo del oro para corromper a un apóstol, en la formación de la opinión publica contra Cristo; en la preferencia de Barrabas, en el furor y saña con que trataron de hundir la memoria de Cristo en la infamia; en la constante oposición, sangrienta muchas veces, contra la predicación de los apóstoles, etc.; en todo eso se verá, digo, lo mismo que hoy practica la masonería, a veces en forma más solapada, a veces en forma mas violenta. El judaísmo fue el anticristianismo, y la masonería, al servicio de ese mismo judaísmo, es todavía el anticristianismo: el mismo odio, la misma hipocresía, las mismas violencias, el mismo estorbo a la acción de la Iglesia de Cristo, para acusarla, después de haberle impedido hacer el bien que podría haber hecho, por no haberlo hecho”.

“Creo que la masonería sigue siendo un peligro, aunque la tolerancia y el trabajo en conjunto para lograr objetivos comunes son aun más reales que el odio del católico. Además, estamos en momentos en que hay que privilegiar la acción para reconquistar con la fe al pueblo, antes que nutrir la guerra que se nos ha declarado desde hace siglos”.


ACCIÓN SOCIAL DE LA IGLESIA

- Durante años ha servido en diversos lugares a la Iglesia chilena. ¿Nota cambios sustanciales, en lo que va de siglo, por parte de los católicos?

- “Veo que los católicos están más comprometidos con los problemas sociales. No es que antes no lo hayan estado de corazón, sino más bien porque hoy por hoy las acciones concretas ya no se realizan por personas aisladas, sino que existen grupos organizados de cristianos que apuntan a generar mejoras en las condiciones de vida”.

- ¿Qué papel ha jugado usted en este cambio de mirada de la Iglesia?

- “Mis aportes han sido como un simple siervo de Dios que busca una vida deacuerdo con el evangelio. En Iquique y La Serena he potenciado la labor social de la Iglesia, sea creando cooperativas de ayuda, abriendo albergues o dando alimentación a los más necesitados. Además, unas de las tareas principales que me propuse fue la de difundir y entregar el evangelio a los sectores más marginados de la sociedad”.

“Como les comenté hace poco, en 1939 fui nombrado Arzobispo de Santiago por el Papa Pío XII, cuando el país era gobernado por el Frente Popular. Mi apostolado se centró en la difusión del pensamiento católico a través de la prensa y en la defensa de los más necesitados, especialmente del obrero. Se fundó el "Auxilio Social Cristiano", que ayudaba a los desamparados. Además, se levantaron numerosas parroquias en las poblaciones de Santiago, y se crearon de los semanarios Mundo Católico y La Voz, entre otros, y la Radio Chilena. Nació la Juventud Obrera Católica en las ciudades y en los campos, se establecieron diversos servicios en la Acción Católica y Cooperativas de Ahorro y de Consumo. En ningún momento tuve problemas con los gobiernos, siempre buenas relaciones”.

“Pero esto no lo he hecho solo, ¡para nada!. Diversos católicos que se han planteado la labor social como tarea primordial han aportado grandes cosas. Un ejemplo claro es el Hogar de Cristo, obra fundada y tan querida por el Padre Alberto Hurtado, la que ha prestado un inestimable servicio a los más pobres".

- ¿Hay mayor acción social de la Iglesia que a principios de siglo?

- “¡Claro que sí! Hoy hay menos contradicción entre la fachada del católico y el mensaje evangélico. Los cristianos de hoy son más de acción, porque las puertas se han abierto en vez de cerrado al pueblo, y el evangelio llega a sectores donde antes no llegaba”.

- Y estas acciones, ¿se han confrontado con las políticas gubernamentales del último tiempo?

- “¿Lo dice por la toma de terrenos?” – contrapregunta el cardenal-.

- Además por las huelgas que han sido amparadas por la Iglesia…

- “Lo que la Iglesia ha hecho es ser una voz y una mano de mediación, la que evita la violencia entre trabajadores, pobladores y estudiantes contra los órganos de seguridad del Estado. Nuestra finalidad es la Paz en Cristo, y el proteger a los grupos de huelga -como los campesinos de Los Molinos en 1952 o los pobladores sin casa que se tomaron terrenos en Santiago para construir sus viviendas- es justamente para que no hayan enfrentamientos a raíz de desalojos y detenciones en masa”.

“Además, no hemos entrado en confrontación directa con los gobiernos. Repito: nuestra misión como hijos de Cristo no es el enfrentamiento, sino la Paz. Los grupos que se han levantado como sindicatos y organizaciones católicas de base son para obtener mejoras en las condiciones de vida de los mismos afectados, amparados en los derechos divinos y constitucionales”.

- Y la toma de terrenos, ¿es una acción desesperada o es un justo derecho?

“El censo de 1952 indica que Santiago concentra casi un 40% de la población total del país. Hacia 1957, unas 3.200 familias personas que se encontraban en situación de marginalidad y hacinamiento, en el sector de Zanjón de la Aguada, habitaban en autoconstrucciones de cartón y material ligero. El Frente de Pobladores es su organización, y desde ahí comenzaron a exigir soluciones de viviendas a raíz de un incendio que damnificó a algunas familias. A medida que pasaron los días sin obtener respuestas, se fijaron en terrenos fiscales destinados a viviendas sociales, los que fueron finalmente ocupados durante la madrugada del 30 de octubre del año pasado. La iglesia, al igual que muchos parlamentarios, intercedieron ante el presidente Carlos Ibáñez del Campo para evitar el desalojo. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el Hogar de Cristo demostraron su apoyo construyendo viviendas y aportando en los quehaceres de organización y ayuda”.

“En este contexto, nos queda preguntarnos: ¿es de puro gusto que personas se tomen un terreno para poder vivir dignamente? En esta decisión de ocupación ilegal, hay un derecho legítimo a la vida digna que se mezcla con la desesperación por obtenerla realmente”.

- ¿Podrían llegar a ser estas tomas un precedente de acciones radicales en el fututo, por parte personas que están en estado de pobreza?

“Tengo confianza en el futuro. Sé que los conflictos se solucionarán con racionalidad por parte de los gobiernos, y amparados en la fe y paz de la población. Deseamos sobre todo la paz en nuestra amada patria, especialmente entre las diversas clases sociales y entre los diferentes factores que colaboran en la producción”

“Esta paz sólo puede fundarse en la renuncia al egoísmo y al mismo tiempo, en el verdadero respeto de los derechos esenciales concedidos por Dios a cada persona humana”.

- ¿Algún llamado especial a los chilenos?

“En la hora presente, apelamos a vuestra conciencia de chilenos y de católicos, para que colaboréis generosamente en el engrandecimiento de la patria”.