Cardenal José María Caro, Arzobispo de Santiago
“LA IGLESIA NO ES AJENA A AQUELLA VERDADERA Y ALTA POLÍTICA QUE NACE DE LA ÉTICA GENERAL”
El primer cardenal de nuestro país está próximo a cumplir 92 años de edad. Aun así, sigue presente en el torbellino político y social que sacude al Chile de mitad de siglo. Sea la toma de terrenos de los “sin casas” o las críticas a la Iglesia Católica por “intervenir” en asuntos públicos: el Príncipe de la Iglesia no esquiva hechos o acusaciones.
El primer cardenal de nuestro país está próximo a cumplir 92 años de edad. Aun así, sigue presente en el torbellino político y social que sacude al Chile de mitad de siglo. Sea la toma de terrenos de los “sin casas” o las críticas a la Iglesia Católica por “intervenir” en asuntos públicos: el Príncipe de la Iglesia no esquiva hechos o acusaciones.
Por Felipe Leal
7 de Junio de 1958
- Con todo respeto cardenal: por motivos de edad, ¿no ha pensado en retirarse de los cargos institucionales?
- “Aún tengo cuerda para rato”, dice sonriente.
Modesto, cálido y sencillo: algunos de los condimentos atribuidos y reconocidos por la población a José María Caro, hombre nacido en Cáhuil –Pichilemu- en 1866 y que ha conquistado los corazones de distintas generaciones en gran parte del país, sea por su labor pastoral o social. Desde 1946 es Cardenal, el primero de Chile.
IGLESIA Y POLÍTICA
- Algunos sectores políticos consideran que hay intervencionismo por parte de la Iglesia en los asuntos que son propios del Estado. ¿Se hace cargo de esa crítica?
- “Si bien hay una separación de hecho entre la Iglesia con el Estado desde hace más de medio siglo, no podemos cegarnos ante las políticas públicas de los gobiernos. La Iglesia no es ajena a aquella verdadera y alta política que nace de la ética general, como que mira por el bien común, promueve la santidad de la familia y de la educación y exige que sean defendidos los derechos divinos y las conciencias”.
- ¿Y hasta dónde puede llegar la intervención? ¿Dónde está el límite de injerencia?
- “La Iglesia, a través de sus Pastores, siempre ha orientado a sus fieles en materia de doctrina y moral aplicada a la vida política. Además, en el orden social siempre se ha legitimado la acción y el cambio social en dirección a una creciente igualdad”.
“Sin embargo, criticamos a los sectores que se abanderizan con esta causa (la búsqueda de igualdad) pero que apuntan a un totalitarismo”.
“El comunismo, por ejemplo, desconoce el derecho natural, atentando minar los fundamentos de la sociedad. La visión atea y materialista niega los derechos de la persona humana, su dignidad y libertad, y pretende dar al Estado derechos omnímodos. En tanto, el liberalismo está apoyado en el racionalismo y naturalismo filosóficos, enemigo de la doctrina de la Iglesia, y también conduce al ateísmo social, al indiferentismo religioso y al laicismo”.
Modesto, cálido y sencillo: algunos de los condimentos atribuidos y reconocidos por la población a José María Caro, hombre nacido en Cáhuil –Pichilemu- en 1866 y que ha conquistado los corazones de distintas generaciones en gran parte del país, sea por su labor pastoral o social. Desde 1946 es Cardenal, el primero de Chile.
IGLESIA Y POLÍTICA
- Algunos sectores políticos consideran que hay intervencionismo por parte de la Iglesia en los asuntos que son propios del Estado. ¿Se hace cargo de esa crítica?
- “Si bien hay una separación de hecho entre la Iglesia con el Estado desde hace más de medio siglo, no podemos cegarnos ante las políticas públicas de los gobiernos. La Iglesia no es ajena a aquella verdadera y alta política que nace de la ética general, como que mira por el bien común, promueve la santidad de la familia y de la educación y exige que sean defendidos los derechos divinos y las conciencias”.
- ¿Y hasta dónde puede llegar la intervención? ¿Dónde está el límite de injerencia?
- “La Iglesia, a través de sus Pastores, siempre ha orientado a sus fieles en materia de doctrina y moral aplicada a la vida política. Además, en el orden social siempre se ha legitimado la acción y el cambio social en dirección a una creciente igualdad”.
“Sin embargo, criticamos a los sectores que se abanderizan con esta causa (la búsqueda de igualdad) pero que apuntan a un totalitarismo”.
“El comunismo, por ejemplo, desconoce el derecho natural, atentando minar los fundamentos de la sociedad. La visión atea y materialista niega los derechos de la persona humana, su dignidad y libertad, y pretende dar al Estado derechos omnímodos. En tanto, el liberalismo está apoyado en el racionalismo y naturalismo filosóficos, enemigo de la doctrina de la Iglesia, y también conduce al ateísmo social, al indiferentismo religioso y al laicismo”.
- ¿No le asustan posiciones y pasiones políticas dentro de la Iglesia?
- “Por supuesto; la política es, a veces, muy apasionada y puede llegar
a la intolerancia. La Santa Sede ha hecho llamados a los católicos chilenos a mirar con seriedad y con tolerancia la participación en política. Se nos ha dicho que la unidad religiosa no es la unión de un solo partido político, ya que libres son de pertenecer a diversos partidos que reúnan las condiciones requeridas, sino la unión en la caridad fraterna y en la defensa de los principios de la Iglesia”.“Las divisiones que han sufrido nuestros amados hijos deben superarse. Por ello el llamado más ferviente para que, superando estas diferencias, vivan la gran realidad a que todos los católicos nos une y que constituye el signo de nuestra fe: el amor fraterno”.
- Sin embargo, hay críticas que apuntan a que las buenas relaciones de usted con el Frente Popular ayudaron a construir un firme puente entre católicos y la izquierda. ¿Considera que su gestión desde la Arquidiócesis de Santiago influyó en una nueva forma de relacionarse la Iglesia con el Estado y la política?
- “A finales de la década del 30, ocurren cambios tanto a nivel de gobierno civil como en la administración eclesial capitalina: Pedro Aguirre Cerda llegó a la Presidencia de Chile, y yo me transformé en el nuevo Arzobispo de Santiago, en reemplazo de Monseñor José Horacio Campillo”.
“No es un secreto que yo no era partícipe de las ideas del nuevo gobierno; el que una alianza con ateos incluidos haya llegado al poder no se veía con buenos ojos en el mundo eclesiástico. Aun así, mantuve el respeto desde el primer momento con las nuevas autoridades políticas. Este consentimiento episcopal causó malestar en un sector de fieles junto a una parte del clero, que seguían propugnando una Iglesia aliada al partido Conservador. Las relaciones con amplios sectores de la jerarquía católica no fue de las más consentidas, pero ya habían ocurrido sucesos en el mundo laico que indicaban una apertura de miras en la acción política. Se aprecia durante este período a una Iglesia alejada de vías partidistas, lo que fortaleció los nexos con los gobiernos radicales”.
- ¿Las relaciones con los masones también cambia, mejorando su opinión sobre ellos?
- “Lo dije hace décadas en un artículo, y lo vuelvo a repetir: es indudable que la acción de la masonería contra la Iglesia Católica no es más que la continuación de la guerra a Cristo practicada por el judaísmo desde hace 1900 años, eso sí que acomodada, mediante el secreto, el engaño y la hipocresía, a las circunstancias del mundo cristiano en que tiene que hacerla”.
“Léase el evangelio y se verá, en el espionaje judío, en sus preguntas capciosas, en sus ataques hipócritas, encubiertos con el velo de la pretendida piedad de los fariseos; en las asechanzas; en los esfuerzos por hacer odioso ante el pueblo a aquel que era su mayor gloria y su gran bienhechor; en el empleo del oro para corromper a un apóstol, en la formación de la opinión publica contra Cristo; en la preferencia de Barrabas, en el furor y saña con que trataron de hundir la memoria de Cristo en la infamia; en la constante oposición, sangrienta muchas veces, contra la predicación de los apóstoles, etc.; en todo eso se verá, digo, lo mismo que hoy practica la masonería, a veces en forma más solapada, a veces en forma mas violenta. El judaísmo fue el anticristianismo, y la masonería, al servicio de ese mismo judaísmo, es todavía el anticristianismo: el mismo odio, la misma hipocresía, las mismas violencias, el mismo estorbo a la acción de la Iglesia de Cristo, para acusarla, después de haberle impedido hacer el bien que podría haber hecho, por no haberlo hecho”.
“Creo que la masonería sigue siendo un peligro, aunque la tolerancia y el trabajo en conjunto para lograr objetivos comunes son aun más reales que el odio del católico. Además, estamos en momentos en que hay que privilegiar la acción para reconquistar con la fe al pueblo, antes que nutrir la guerra que se nos ha declarado desde hace siglos”.
ACCIÓN SOCIAL DE LA IGLESIA
- Durante años ha servido en diversos lugares a la Iglesia chilena. ¿Nota cambios sustanciales, en lo que va de siglo, por parte de los católicos?
- “Veo que los católicos están más comprometidos con los problemas sociales. No es que antes no lo hayan estado de corazón, sino más bien porque hoy por hoy las acciones concretas ya no se realizan por personas aisladas, sino que existen grupos organizados de cristianos que apuntan a generar mejoras en las condiciones de vida”.
“Creo que la masonería sigue siendo un peligro, aunque la tolerancia y el trabajo en conjunto para lograr objetivos comunes son aun más reales que el odio del católico. Además, estamos en momentos en que hay que privilegiar la acción para reconquistar con la fe al pueblo, antes que nutrir la guerra que se nos ha declarado desde hace siglos”.
ACCIÓN SOCIAL DE LA IGLESIA
- Durante años ha servido en diversos lugares a la Iglesia chilena. ¿Nota cambios sustanciales, en lo que va de siglo, por parte de los católicos?
- “Veo que los católicos están más comprometidos con los problemas sociales. No es que antes no lo hayan estado de corazón, sino más bien porque hoy por hoy las acciones concretas ya no se realizan por personas aisladas, sino que existen grupos organizados de cristianos que apuntan a generar mejoras en las condiciones de vida”.
- ¿Qué papel ha jugado usted en este cambio de mirada de la Iglesia?
- “Mis aportes han sido como un simple siervo de Dios que busca una vida deacuerdo con el evangelio. En Iquique y La Serena he potenciado la labor social de la Iglesia, sea creando cooperativas de ayuda, abriendo albergues o dando alimentación a los más necesitados. Además, unas de las tareas principales que me propuse fue la de difundir y entregar el evangelio a los sectores más marginados de la sociedad”.
“Como les comenté hace poco, en 1939 fui nombrado Arzobispo de Santiago por el Papa Pío XII, cuando el país era gobernado por el Frente Popular. Mi apostolado se centró en la difusión del pensamiento católico a través de la prensa y en la defensa de los más necesitados, especialmente del obrero. Se fundó el "Auxilio Social Cristiano", que ayudaba a los desamparados. Además, se levantaron numerosas parroquias en las poblaciones de Santiago, y se crearon de los semanarios Mundo Católico y La Voz, entre otros, y la Radio Chilena. Nació la Juventud Obrera Católica en las ciudades y en los campos, se establecieron diversos servicios en la Acción Católica y Cooperativas de Ahorro y de Consumo. En ningún momento tuve problemas con los gobiernos, siempre buenas relaciones”.
“Pero esto no lo he hecho solo, ¡para nada!. Diversos católicos que se han planteado la labor
social como tarea primordial han aportado grandes cosas. Un ejemplo claro es el Hogar de Cristo, obra fundada y tan querida por el Padre Alberto Hurtado, la que ha prestado un inestimable servicio a los más pobres". - ¿Hay mayor acción social de la Iglesia que a principios de siglo?
- “¡Claro que sí! Hoy hay menos contradicción entre la fachada del católico y el mensaje evangélico. Los cristianos de hoy son más de acción, porque las puertas se han abierto en vez de cerrado al pueblo, y el evangelio llega a sectores donde antes no llegaba”.
- Y estas acciones, ¿se han confrontado con las políticas gubernamentales del último tiempo?
- “¿Lo dice por la toma de terrenos?” – contrapregunta el cardenal-.
- Además por las huelgas que han sido amparadas por la Iglesia…
- “Lo que la Iglesia ha hecho es ser una voz y una mano de mediación, la que evita la violencia entre trabajadores, pobladores y estudiantes contra los órganos de seguridad del Estado. Nuestra finalidad es la Paz en Cristo, y el proteger a los grupos de huelga -como los campesinos de Los Molinos en 1952 o los pobladores sin casa que se tomaron terrenos en Santiago para construir sus viviendas- es justamente para que no hayan enfrentamientos a raíz de desalojos y detenciones en masa”.
“Además, no hemos entrado en confrontación directa con los gobiernos. Repito: nuestra misión como hijos de Cristo no es el enfrentamiento, sino la Paz. Los grupos que se han levantado como sindicatos y organizaciones católicas de base son para obtener mejoras en las condiciones de vida de los mismos afectados, amparados en los derechos divinos y constitucionales”.
- Y la toma de terrenos, ¿es una acción desesperada o es un justo derecho?
“El censo de 1952 indica que Santiago concentra casi un 40% de la población total del país. Hacia 1957, unas 3.200 familias personas que se encontraban en situación de marginalidad y hacinamiento, en el sector de Zanjón de la Aguada, habitaban en autoconstrucciones de cartón y material ligero. El Frente de Pobladores es su organización, y desde ahí comenzaron a exigir soluciones de viviendas a raíz de un incendio que damnificó a algunas familias. A medida que pasaron los días sin obtener respuestas, se fijaron en terrenos fiscales destinados a viviendas sociales, los que fueron finalmente ocupados durante la madrugada del 30 de octubre del año pasado. La iglesia, al igual que muchos parlamentarios, intercedieron ante el presidente Carlos Ibáñez del Campo para evitar el desalojo. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el Hogar de Cristo demostraron su apoyo construyendo viviendas y aportando en los quehaceres de organización y ayuda”.
“En este contexto, nos queda preguntarnos: ¿es de puro gusto que personas se tomen un terreno para poder vivir dignamente? En esta decisión de ocupación ilegal, hay un derecho legítimo a la vida digna que se mezcla con la desesperación por obtenerla realmente”.
- ¿Podrían llegar a ser estas tomas un precedente de acciones radicales en el fututo, por parte personas que están en estado de pobreza?
“Tengo confianza en el futuro. Sé que los conflictos se solucionarán con racionalidad por parte de los gobiernos, y amparados en la fe y paz de la población. Deseamos sobre todo la paz en nuestra amada patria, especialmente entre las diversas clases sociales y entre los diferentes factores que colaboran en la producción”
“Esta paz sólo puede fundarse en la renuncia al egoísmo y al mismo tiempo, en el verdadero respeto de los derechos esenciales concedidos por Dios a cada persona humana”.
- ¿Algún llamado especial a los chilenos?
“En la hora presente, apelamos a vuestra conciencia de chilenos y de católicos, para que colaboréis generosamente en el engrandecimiento de la patria”.
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